
El 02/09/09 murió el Sr. Coronel M. A. Seineldín.
Quienes tuvimos el honor de conocerlo lo recordaremos como a un ejemplo de hombre probo y un arquetipo de guerrero cristiano. De él puede decirse, como del Cid: ¡Dios, que buen vasallo si tuviese buen Señor!.
El Cruzamante pide a sus lectores una piadosa oración en su memoria.
A continuación reproducimos parte del alegato final que rindió el coronel Mohamed Alí Seineldín ante la Cámara Federal de Apelaciones de la Capital Federal de la Argentina, el 7 de agosto de 1991.
Hoy me presento ante esta Excelentísima Cámara para exponer sobre los hechos del 3 de diciembre [de 1990] de los cuales soy el comandante y el único responsable. Esta exposición ante vosotros abarcará cuatro puntos: primero, una introducción; segundo, los antecedentes políticos que motivaran el pronunciamiento del 3 de diciembre; tercero, los antecedentes militares de los cuatro pronunciamientos; y quinto, consideraciones generales. Como introducción le expreso a la Honorable Cámara que voy a hacer algunas aclaraciones para evitar equívocos y malas interpretaciones. Mi designación es de Coronel de la Nación, es decir, que aparte de las facultades que me impone el Ejército, la nación, a través del Congreso, me impone facultades correspondientes a la misma, me obliga a conocer toda la problemática nacional, toda la política nacional. Por supuesto que esta política se refiere a la política mayor, a la establecida en la Constitución, la ley y sus principios, y no a la política partidista, de la cual jamás he participado y jamás he votado en mi vida; por una simple razón, de que yo le debo obediencia y subordinación a los valores permanentes de la Nación, que es la nación argentina, la Constitución y sus leyes, y no a los partidos, que los respeto pero no pertenecen al orden permanente. Mi grado también, Su Señoría, me impone hablar con claridad, y dada la responsabilidad que se ha tratado en esta Cámara, que es la indefensión y la corrupción que existe en la nación argentina, me obliga a utilizarlo para hablar con claridad ante vosotros.
La misión de las Fuerzas Armadas
Dicen nuestros reglamentos respecto al Ejército, las Fuerzas Armadas, que es una de las instituciones fundamentales de la nación, es el brazo armado de la patria y su misión es salvaguardar los más altos intereses de la nación. En esto impone salvaguardar el honor de la nación, su territorio y la Constitución y sus leyes. Más adelante explica y expresa perfectamente que debe existir una férrea disciplina en los cuadros y la tropa, para cumplir esta misión. De los testimonios surgidos en esta Honorable Cámara hemos podido comprobar que la institución hoy no es el brazo armado de la patria; no es considerada una de las instituciones fundamentales de la nación; y tampoco está en condiciones de salvaguardar los más altos intereses. En mi persona, como en muchos soldados, se produjo un choque duro entre el deber de la obediencia y la voz de la conciencia, privando esto último. Y mucho más porque se nos cerró la razón, como ustedes habéis escuchado a todos los participantes del pronunciamiento, que les agradecieron que los hayan escuchado. La razón se cerró. En otro aspecto, he de explicarle, Su Excelencia, que jamás participé de una intervención militar, jamás. Pero esto no quitó que yo estudiara toda la problemática política de las intervenciones militares, por una simple circunstancia: que el poder militar o la fuerza militar, que es el orden permanente, está atado al poder civil y corre su misma suerte. Cuando me refiera o hable del Ejército en especial, pero incluyo en ello a la Marina, a la Fuerza Aérea, a la Gendarmería, a la Prefectura Naval Argentina, a las policías y a la Penitenciaría Nacional y Provincial, porque todas ellas forman parte de un conjunto que hace a la Defensa Nacional. Por momentos me referiré a la Fuerza de Defensa Nacional.
Antecedentes de los pronunciamientos militares
Para encontrar los motivos de estos pronunciamientos voy a tomar como base la división de la historia política de la patria en seis períodos: el período del nacionalismo, desde 1816 hasta 1853, 37 años aproximadamente; el período del liberalismo, desde 1853 hasta 1880; el período del conservadurismo, que va desde 1880 hasta 1916; el período del radicalismo, desde 1916 hasta 1945; el período del justicialismo, de 1945 a 1976; y por último, el sexto período de la patria, en dos siglos, que va desde 1976 hasta el 2000 aproximadamente. He de expresarle que en estos primeros cinco períodos la nación argentina se manejó con un proyecto nacional. En todos los períodos se respetó la Argentina tradicional e histórica, inclusive en las intervenciones militares. La economía era una economía de producción y desarrollo y estaba subordinada a la política, y las Fuerzas de Defensa Nacionales participaban con un doble esfuerzo: un esfuerzo a la seguridad y defensa y, el segundo, al desarrollo del país. Esto era lo que eran los cinco períodos; pero voy ahora a indagar en dónde están las verdaderas causas, que es en el período en desarrollo, que va desde 1976 hasta nuestros días, y para un análisis exhaustivo, lo voy a dividir en tres fases: la fase del Proceso de Reorganización Nacional, la fase del gobierno de Alfonsín y la fase del gobierno del doctor Menem. Debemos tener en cuenta que a partir de 1976, el mundo se divide de acuerdo a la Nueva Yalta, donde las potencias dividen el mundo, quedando nosotros bajo la hegemonía del imperialismo anglosajón. A partir de este momento va a haber una carrera desenfrenada por parte de los imperialismos para dominar a sus sirvientes y se va a producir un cambio importante donde la economía de producción que teníamos en las cinco fases anteriores va a ser reemplazada por una economía de especulación, de especulación financiera, lo que va a acelerar prontamente la dependencia. Además, las decisiones políticas van a ser subordinadas a las decisiones económicas. Esta es la maniobra generada en el día de hoy. Pero también, va a haber otra maniobra importante, va a haber una maniobra de agresión a los sustentos de la nación argentina, tradicional e histórica. Se va a destacar una acción de erosión contra los factores naturales que sostienen la Nación Argentina: la Iglesia, como fuerza espiritual; la dirigencia Política, como fuerza de conducción nacional; los gremios, como fuerza social; la empresa pequeña y mediana y la empresa industrial, como fuerza económica; y por supuesto las Fuerzas Armadas, de seguridad y policiales como fuerzas que hacen al desarrollo y a la defensa de la nación argentina. ¿Por qué? Por una sencilla circunstancia: que todas estas fuerzas naturales de la nación argentina se apoyan en la doctrina del desarrollo espiritual y físico de la sociedad y del hombre; todo eso será demolido para darle entrada al otro nuevo sistema que corresponde al nuevo orden.
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Hoy me presento ante esta Excelentísima Cámara para exponer sobre los hechos del 3 de diciembre [de 1990] de los cuales soy el comandante y el único responsable. Esta exposición ante vosotros abarcará cuatro puntos: primero, una introducción; segundo, los antecedentes políticos que motivaran el pronunciamiento del 3 de diciembre; tercero, los antecedentes militares de los cuatro pronunciamientos; y quinto, consideraciones generales. Como introducción le expreso a la Honorable Cámara que voy a hacer algunas aclaraciones para evitar equívocos y malas interpretaciones. Mi designación es de Coronel de la Nación, es decir, que aparte de las facultades que me impone el Ejército, la nación, a través del Congreso, me impone facultades correspondientes a la misma, me obliga a conocer toda la problemática nacional, toda la política nacional. Por supuesto que esta política se refiere a la política mayor, a la establecida en la Constitución, la ley y sus principios, y no a la política partidista, de la cual jamás he participado y jamás he votado en mi vida; por una simple razón, de que yo le debo obediencia y subordinación a los valores permanentes de la Nación, que es la nación argentina, la Constitución y sus leyes, y no a los partidos, que los respeto pero no pertenecen al orden permanente. Mi grado también, Su Señoría, me impone hablar con claridad, y dada la responsabilidad que se ha tratado en esta Cámara, que es la indefensión y la corrupción que existe en la nación argentina, me obliga a utilizarlo para hablar con claridad ante vosotros.
La misión de las Fuerzas Armadas
Dicen nuestros reglamentos respecto al Ejército, las Fuerzas Armadas, que es una de las instituciones fundamentales de la nación, es el brazo armado de la patria y su misión es salvaguardar los más altos intereses de la nación. En esto impone salvaguardar el honor de la nación, su territorio y la Constitución y sus leyes. Más adelante explica y expresa perfectamente que debe existir una férrea disciplina en los cuadros y la tropa, para cumplir esta misión. De los testimonios surgidos en esta Honorable Cámara hemos podido comprobar que la institución hoy no es el brazo armado de la patria; no es considerada una de las instituciones fundamentales de la nación; y tampoco está en condiciones de salvaguardar los más altos intereses. En mi persona, como en muchos soldados, se produjo un choque duro entre el deber de la obediencia y la voz de la conciencia, privando esto último. Y mucho más porque se nos cerró la razón, como ustedes habéis escuchado a todos los participantes del pronunciamiento, que les agradecieron que los hayan escuchado. La razón se cerró. En otro aspecto, he de explicarle, Su Excelencia, que jamás participé de una intervención militar, jamás. Pero esto no quitó que yo estudiara toda la problemática política de las intervenciones militares, por una simple circunstancia: que el poder militar o la fuerza militar, que es el orden permanente, está atado al poder civil y corre su misma suerte. Cuando me refiera o hable del Ejército en especial, pero incluyo en ello a la Marina, a la Fuerza Aérea, a la Gendarmería, a la Prefectura Naval Argentina, a las policías y a la Penitenciaría Nacional y Provincial, porque todas ellas forman parte de un conjunto que hace a la Defensa Nacional. Por momentos me referiré a la Fuerza de Defensa Nacional.
Antecedentes de los pronunciamientos militares
Para encontrar los motivos de estos pronunciamientos voy a tomar como base la división de la historia política de la patria en seis períodos: el período del nacionalismo, desde 1816 hasta 1853, 37 años aproximadamente; el período del liberalismo, desde 1853 hasta 1880; el período del conservadurismo, que va desde 1880 hasta 1916; el período del radicalismo, desde 1916 hasta 1945; el período del justicialismo, de 1945 a 1976; y por último, el sexto período de la patria, en dos siglos, que va desde 1976 hasta el 2000 aproximadamente. He de expresarle que en estos primeros cinco períodos la nación argentina se manejó con un proyecto nacional. En todos los períodos se respetó la Argentina tradicional e histórica, inclusive en las intervenciones militares. La economía era una economía de producción y desarrollo y estaba subordinada a la política, y las Fuerzas de Defensa Nacionales participaban con un doble esfuerzo: un esfuerzo a la seguridad y defensa y, el segundo, al desarrollo del país. Esto era lo que eran los cinco períodos; pero voy ahora a indagar en dónde están las verdaderas causas, que es en el período en desarrollo, que va desde 1976 hasta nuestros días, y para un análisis exhaustivo, lo voy a dividir en tres fases: la fase del Proceso de Reorganización Nacional, la fase del gobierno de Alfonsín y la fase del gobierno del doctor Menem. Debemos tener en cuenta que a partir de 1976, el mundo se divide de acuerdo a la Nueva Yalta, donde las potencias dividen el mundo, quedando nosotros bajo la hegemonía del imperialismo anglosajón. A partir de este momento va a haber una carrera desenfrenada por parte de los imperialismos para dominar a sus sirvientes y se va a producir un cambio importante donde la economía de producción que teníamos en las cinco fases anteriores va a ser reemplazada por una economía de especulación, de especulación financiera, lo que va a acelerar prontamente la dependencia. Además, las decisiones políticas van a ser subordinadas a las decisiones económicas. Esta es la maniobra generada en el día de hoy. Pero también, va a haber otra maniobra importante, va a haber una maniobra de agresión a los sustentos de la nación argentina, tradicional e histórica. Se va a destacar una acción de erosión contra los factores naturales que sostienen la Nación Argentina: la Iglesia, como fuerza espiritual; la dirigencia Política, como fuerza de conducción nacional; los gremios, como fuerza social; la empresa pequeña y mediana y la empresa industrial, como fuerza económica; y por supuesto las Fuerzas Armadas, de seguridad y policiales como fuerzas que hacen al desarrollo y a la defensa de la nación argentina. ¿Por qué? Por una sencilla circunstancia: que todas estas fuerzas naturales de la nación argentina se apoyan en la doctrina del desarrollo espiritual y físico de la sociedad y del hombre; todo eso será demolido para darle entrada al otro nuevo sistema que corresponde al nuevo orden.
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